El Día Mundial de la Salud mental que se celebra hoy no puede ser mas que un nuevo recordatorio de la situación que estamos viviendo como personas y comunidades por el azote la pandemia y las consecuencias de las medidas que se están tomando para afrontarla.
Si ya de por si la situación de la Salud Mental en amplios sectores sociales era complicada y de riesgo, especialmente en territorios en conflicto, estados dominados por regímenes que no respetan los DDHH, grupos sociales con dificultad de acceso a necesidades básicas, y era ya de por sí difícil mantener el equilibrio en las sociedades urbanas, desarrolladas y sometidas al estrés de empleos precarios o no deseados, amplios períodos de aislamiento social, sobrecarga de amenazas psicosociales, elevados niveles de contaminación del aire, ruidos, medios de comunicación, etc. La pandemia ha venido a coronar un año en que, además de enfrentarnos al riesgo propio o cercano de enfermar, estamos sufriendo el miedo al mismo, la confusión de las diversas informaciones en general contradictorias, pero sobre todo generadoras de más miedo y ansiedad aun.
Es pues, una catástrofe humana sin paliativos que nos obliga a posicionarnos como profesionales al lado de los que sufren, reclamando a los poderes públicos mayores cuotas de inversión en los recursos sanitarios, en la Atención Primaria para el control y prevención de casos, pero especialmente en los servicios de Salud Mental comunitarios, entidades de apoyo a las personas con sufrimiento emocional, a los colectivos vulnerables (infancia, maltrato, mayores, etc..) y un inequívoco apoyo a la diversidad social; mayor cuotas de inversión en recursos educativos para impedir la fractura del itinerario formativo y promover en la infancia y la adolescencia recursos de afrontamiento y ayuda mutua, mayor inversión en recursos de investigación e innovación tecnológica que permita acceder a mejorar herramientas de control de la pandemia y de la mejora de la calidad de vida.
En definitiva, reclamamos una gran implicación institucional que permita transmitir la sensación de que no estamos solas, de que el cuidado, como actividad esencial para la supervivencia el bienestar humano debe ser elevado a su lugar real en las estructuras sociales, políticas y económicas, respaldando su desarrollo y reconociendo a quien por definición lo presta desde siempre. Sin cuidado no hay vida.
Octubre 2020
