Buenas prácticas en TMG en Andalucía durante la pandemia de CoVid-19

 

Primer documento de Buenas Prácticas en TMG durante la pandemia de CoVid-19 en Andalucia. A medida que se sea necesario, se irá revisando el documento.

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COMUNICADO DE LA AAPSM EN RELACION CON LAS UNIDADES HOSPITALARIAS DE SALUD MENTAL

Ante el reportaje aparecido ayer en el País titulado «Incidentes graves destapan el deterioro de las áreas psiquiátricas en Andalucía», la Asociación Andaluza de Profesionales de Salud Mental- AEN (AAPSM-AEN), manifiesta lo siguiente:

Las Unidades de Hospitalización de Salud Mental en Andalucía (UHSM), son un recurso de la red asistencial, que trabaja en red y que forman parte del entramado del modelo comunitario. Las UHSM son Unidades de corta estancia, situadas en Hospitales Generales con el objetivo de prestar
atención en crisis, en régimen de hospitalización total a los pacientes que lo necesiten, con intervenciones intensivas, orientadas hacia la posterior continuidad de cuidados en la comunidad.

Están enclavadas organizativamente dentro de la red comunitaria de atención a la salud mental de la ciudadanía andaluza y coordinada entre sí y con otros servicios tanto sanitarios como sociales.

Para trabajar adecuadamente en las UHSM es necesario establecer un buen ambiente terapéutico, que conlleva dos principios fundamentales: convertir el contexto en instrumento para modificar el comportamiento y que esté regido por reglas de participación que potencien la colaboración activa del paciente en la vida de la Unidad.

Para esto es necesario trabajo en equipo (Psiquiatras, psicólogos, Enfermeras, Trabajadoras sociales…), la colaboración y corresponsabilización de los pacientes en el cuidado de las normas y de las instalaciones, con una escucha activa y flexible del personal a las sugerencias, iniciativas y críticas que provienen de los usuarios y familiares, y la participación del usuario en el devenir de la Unidad, incluyendo las mejoras de sus normas .

Esto requiere tolerancia y flexibilidad, reglas sencillas y claras conocidas por todos y todas, susceptibles de ser modificadas por el acuerdo, con un horario de actividades terapéuticas conocido y respetado, fomentándose las relaciones entre los pacientes y entre estos y el personal. Para todo esto, se requiere unos recursos humanos entrenados en este tipo de competencias y con una actitud de escucha y empática.

Es fácil deducir de aquí que en la UHSM se necesita espacios suficientemente grandes, acogedores y confortables, que posibiliten las relaciones y las actividades terapéuticas. Los pacientes en la UHSM no están encamados, por lo que requieren más espacio/s que en otros Servicios del Hospital.
También es fundamental personal especializado, incluidas las enfermeras especialistas en salud mental, porque lo mencionado más arriba no se consigue con buena voluntad, sino con saber teórico y con entrenamiento.

La situación en las UHSM de Andalucía es desigual. Es cierto que en las tres UHSM que señala el artículo de El País, han pasado acontecimientos adversos trágicos y quizás evitables. Hay otras 17 UHSM dónde se trabaja día a día con gran esfuerzo de los profesionales en crear y/o mantener el ambiente terapéutico y evitar las contenciones mecánicas, dónde no han ocurrido. La solución no es, como señala el Dr. Crespo poner más camas, ni públicas, ni mucho menos concertadas, sino realizar mejores prácticas, como las consensuadas científicamente y que son las siguientes:

1.- Dotar a las UHSM de espacios suficientes para realizar actividades terapéuticas, incluidos grupos, permitir la interacción y la intimidad en las visitas, así como tener al menos algunas habitaciones individuales.

2.- Incluir además de psiquiatras, a psicólogos clínicos en todas las Unidades de Hospitalización y a enfermeras especialistas en salud mental, con formación específica en técnicas de desescalada y en los 10 pasos para evitar las contenciones mecánicas.

3.- Hacer las Unidades más abiertas, aumentando el tiempo de visitas de familiares y amigos,
permitiendo el uso de teléfonos móviles y fomentando el acompañamiento familiar durante todo el ingreso.

4.- Hacer un código de buenas prácticas de las UHSM, incluidas en el contrato programa de los hospitales, de obligado cumplimiento.

5.- Contratar a usuarios formados, que en su caso puedan actuar como interlocutores y/o mediadores en las UHSM, así como poner en marcha estrategias de ayuda a los usuarios.

Es preciso recordar que las personas ingresadas, están en un momento de gran vulnerabilidad personal, por lo que se hace más necesaria que en otras etapas la presencia de recursos humanos suficientes y formados, espacios adecuados y alternativas terapéuticas basadas en la evidencia. El volver a los manicomios con muchas camas, pero sin contenido terapéutico, no es una opción científica actualmente.

Mejoremos lo que hay, aireemos las dificultades, estudiemos y pongamos en práctica las áreas de mejora, que están identificadas, como señalamos en este comunicado, siguiendo las directrices de la OMS y de la comunidad científica internacional.

Mercedes Castro García.
Presidenta de la AAPSM- AEN.

Psiquiatría biológica: ¿estamos creando enfermos mentales?

Irene Muñoz

ACABAR CON EL SOBREDIAGNÓSTICO

La neurobiología pretende incrementar los diagnósticos y tratamientos clínicos para cualquier dolencia mental. Su discurso es confuso y parece responder a intereses económicos.

El discurso de la psiquiatría biológica afirma que todos los trastornos mentales pueden y deben ser entendidos como enfermedades cerebrales. Para que esto resultara cierto, la psiquiatría biológica tendría que representar una ruptura epistemológica en la historia de la psiquiatría. Es decir, debería ser posible constatar un aporte sustancial de la neurobiología en la práctica psiquiátrica, pero esto parece no ser así.

La visión biológica como paradigma dominante en psiquiatría

En primer lugar, cabe destacar cómo la psiquiatría americana ha ido imponiendo al resto del mundo su concepción estrechamente neurobiológica de las enfermedades mentales. Esta difusión no está directamente relacionada con el éxito de este tipo de psiquiatría, ya que el número de pacientes no ha disminuido, sino al contrario. Por tanto, lo primero de lo que debemos darnos cuenta es de que estamos ante un discurso que, a pesar de privilegiar la concepción neurobiológica de las enfermedades mentales, evoluciona independientemente del progreso de la neurobiología.

El origen de la perspectiva neurobiológica: el DSM

La clasificación de las enfermedades mentales propuesta por la Asociación Americana de Psiquiatría en 1980 (DSM-3) pretendía mejorar la fiabilidad
y validez
de los diagnósticos homogeneizando los diferentes modelos teóricos que existían en la época. Dicha homogeneización también facilitaría la investigaciónclínica y biológica.

Los descubrimientos de la época acerca del párkinson y otras enfermedades neurológicas sirvieron para fomentar un clima en el que se respiraba de algún modo que era posible actuar sobre el funcionamiento cerebral si se descubría la química apropiada. Lo mismo ocurre en materia de medicamentos psicotrópicos. Sin embargo:

  • Ningún mecanismo de acción farmacológico ha sido descubierto desde hace cuarenta años. Recojo las palabras de un artículo de la revista Nature Neuroscience: “Los objetivos moleculares de las principales clases de medicamentos psicotrópicos actualmente disponibles han sido definidos a partir de medicamentos descubiertos en la década de 1960 mediante observaciones clínicas”.
  • La investigación en neurociencias no ha descubierto indicadores biológicos para el diagnóstico de las enfermedades psiquiátricas ni nuevas clases de medicamentos psicotrópicos.
  • La gran esperanza de la genética tampoco ha dado frutos. Solo se han identificado algunas anomalías genéticas cuyas alteraciones no explican más que un pequeño porcentaje de casos. El autismo sería el trastorno en el que existe el porcentaje más elevado de casos explicados por anomalías genéticas y hablamos de un discreto 5%.

Algunos contestarían a esto rápidamente argumentando que lo que sí se ha demostrado ampliamente es la fuerte heredabilidad de muchos trastornos
mentales. Pero una heredabilidad elevada no implica una causa genética. En efecto, los estudios de heredabilidad no pueden distinguir entre lo que es un efecto puro de la genética y lo que proviene de una interacción entre los genes y el entorno.

Natura / Nurtura, un debate clásico: ¿innato o aprendido?

El paso obligado fue entonces la epigenética. La epigenética trata precisamente de investigar los mecanismos moleculares que explican que un factor del entorno, por ejemplo, los abusos en la infancia, pueda causar modificaciones de la actividad genética profundas, duraderas y a veces transmisibles a la generación siguiente.

En definitiva, los estudios epigenéticos están empezando a revelar las bases biológicas de algo que ya es conocido de antiguo por los clínicos: que las experiencias precoces condicionan la salud mental de los adultos. Nada nuevo bajo el sol.

¿Son un bulo las investigaciones sobre neurobiología?

Trataremos de identificar algunas de las promesas irrealistas de la literatura científica, o lo que fue bautizado en la revista Science como “el bulo genómico”. Las preguntas que nos planteamos son:

¿Cómo se produce este discurso abusivo?

En primer lugar, existe una distancia considerable entre las observaciones neurobiológicas y las conclusiones que difunden los medios de comunicación.

Por ejemplo, si analizamos los artículos sobre el TDAH, encontraremos que se menciona una asociación significativa entre el TDAH y el gen que codifica el receptor D4 de la dopamina. Pareciera casi que el gen del receptor D4 pudiera ser presentado como un marcador biológico del TDAH. Sin embargo, el 80% de los artículos que afirman esto nos dicen que esta asociación no supone más que un bajo riesgo de presentar la enfermedad.

En segundo lugar, no es raro observar cómo resultados de estudios preclínicos son rápidamente publicados mientras que los estudios posteriores, que en numerosas ocasiones no logran demostrar lo que se proponían los primeros, no son apenas difundidos. De modo que el público oye hablar de descubrimientos iniciales espectaculares pero no es informado de que son invalidados a posteriori.

Por último, se utiliza un vocabulario que da lugar a confusión. Los términos implicado, juega un papel o forma parte de son muchas de las imprecisiones poco o nada inocentes que los medios de difusión utilizan. Sugieren una posibilidad sin afirmar abiertamente una relación causal, se curan en salud, pero suelen conseguir sus objetivos confundiendo al público y sembrando una idea falsa de una verdad poco o nada demostrada.

¿Cuál es su impacto en el público?

En otras palabras, aunque los estudios más recientes aboguen también por factores del entorno que pueden modificar la neurobiología y que no deberían ser en ningún caso olvidados, el gran público parece interpretar el hecho de que exista una base neurobiológica en los trastornos mentales como algo que excluye las causas psicológicas o sociales.

El hecho de que se dé más importancia a las supuestas causas neurobiológicas lleva a minimizar los factores derivados del entorno y a ignorar las medidas de prevención correspondientes.

¿Cuáles son sus consecuencias sociales?

No podemos olvidar que cuantas más desigualdades sociales existan en una sociedad,más aumentan los factores de riesgo de los trastornos mentales. ¿Para qué preocuparse por la pobreza, las familias desestructuradas, el bajo nivel de educación si el problema se encuentra en un exceso o un déficit de dopamina?

Sobrediagnóstico y abuso de fármacos, las consecuencias de esta visión

El discurso resulta, por tanto, una justificación de las decisiones políticas. Así, por ejemplo, si nos centramos en Estados Unidos, pionero de este discurso biológico, se asiste a una medicalización del sufrimiento psíquico. Allan Horwitz y Jerome Wakefield publican en el año 2007 un artículo excelente que se titula Cómo la psiquiatría ha podido cambiar el sufrimiento normal en un trastorno depresivo. En este artículo postulan que:

  • Existe una influencia de la industria farmacéutica hacia lo que ha sido denominado por muchos la “fabricación” de enfermedades mentales. Y es que no se descubre, sino que se reinventa lo ya conocido, se divide, se desagrupa y se enumera una serie de indicaciones terapéuticas en las que no suele faltar el tratamiento mediante algún neuroléptico.
  • Pero no solo se prescribe un mayor número de antipsicóticos, sino que también se prescriben cada vez a edades más precoces. Como clínicos, deberíamos ser conscientes de los efectos a largo plazo en el desarrollo psíquico e intelectual de un neuroléptico mal indicado por su precocidad o por su escaso balance beneficio/riesgo. Pero esa es la nueva moda, prevenir la psicosis o, lo que es lo mismo, consumir cuanto antes el mencionado tratamiento.

A pesar de que la autoridad reguladora americana (FDA) solo apruebe el uso de dichos medicamentos en escasas indicaciones, tres cuartas partes de las prescripciones de antipsicóticos infantiles son realizadas para niños que no tienen dichos diagnósticos.

  • Pero esto no es lo más preocupante: en Estados Unidos, este supuesto modelo ha hecho que el diagnóstico de un trastorno mental dé derechos. O lo que es lo mismo, es necesario tener un diagnóstico psiquiátrico para tener algún derecho. Por ejemplo, un niño con dificultades escolares solo puede recibir ayuda a condición de que sea diagnosticado de TDAH.
  • Por último, pero no por ello menos importante, es inquietante el contraste que existe entre la investigación en neurociencias en plena expansión y la degradación de los recursos asistenciales y sociales en salud mental en ese país. Pero lo más decepcionante es que la investigación en materia neurocientífica ha beneficiado muy poco a la práctica clínica.

Aunque los leaders de la psiquiatría biológica reconocen que la investigación neurobiológica ha aportado poco a la práctica clínica psiquiátrica, la mayor parte continúa prediciendo que habrá progresos importantes en un futuro próximo.

Interdisciplinariedad frente a una medicina basada en la exigencia

Los promotores de la neurobiología creen en la superioridad de su método por ser científico. No puede considerarse que la psicología y la sociología sean métodos menos racionales o rigurosos solo porque sean menos objetivos y tengan en cuenta la subjetividad de cada individuo.

Las causas de los trastornos mentales pueden ser explicadas desde diferentes puntos de vista que no son mutuamente excluyentes: neurobiológico, psicológico y sociológico.

Toda enfermedad, hasta la más somática, afecta al paciente de forma única. De ello se deduce que el sufrimiento psíquico solo puede encontrar su sentido en la historia singular del sujeto.

En palabras del neurobiólogo Marc Jeannerod, “la paradoja es que la identidad personal, a pesar de encontrarse en el ámbito de la física y de la biología, pertenece a una categoría de hechos que escapan a la descripción objetiva y que aparecen entonces excluidos de una posible aproximación científica”.

Articulo publicado en MENTESANA

¿REFORMAR LA REFORMA PSIQUIÁTRICA?

JOSÉ FABIO RIVAS GUERRERO

Médico Psiquiatra

A comienzo de los años 80, y con gran retraso, se inició en Andalucía la denominada reforma psiquiátrica, a la par que se promovían procesos similares en todo el territorio español. En este sentido, la Ley General de Sanidad de 1986 supuso un cambio radical en el marco sanitario al equiparar las enfermedades mentales al resto de problemas de salud (lo que afianzó la incorporación de la psiquiatría y de la salud mental a los hospitales generales y el cierre de los hospitales psiquiátricos). Muchos años antes –desde el final de la II Guerra Mundial– cambios similares se habían puesto en marcha en los países occidentales más avanzados (EE UU, Canadá, Inglaterra, Italia, Alemania…). Las razones que promovieron estos cambios, en principio, no fueron solo morales, ideológicas, económicas o políticas –que también–, sino de índole sanitaria. En efecto, en el discurrir de la Historia y por razones estructurales complejas que no vamos a analizar aquí, los manicomios, cuya labor asistencial se había hecho hegemónica a lo largo del siglo XVIII –sobre todo a partir de la Revolución Francesa–, en los que se había depositado las tareas de custodiar, proteger, cuidar, tratar y curar a los ciudadanos aquejados de enfermedad mental grave, en realidad, en el discurrir de los años –se trataba de abrir bien los ojos–, se habían convertido en un lugar –sin retorno– de terror, violencia y segregación de los ciudadanos más frágiles; un lugar devastador que había fracasado en la encomienda humanitaria de cuidar y proteger, y peor aún si cabe, no solo no curaba, sino que generaba su propia patología: el hospitalismo (un conjunto de alteraciones somáticas y psíquicas, en las que predomina la pasividad, la dependencia; el empobrecimiento emocional; la pérdida de interés; la acentuación de la vulnerabilidad, el deterioro, la incapacidad y la minusvalía; el negativismo; la mayor frecuencia y gravedad de enfermedades somáticas…).

Desde el inicio de la reforma psiquiátrica en Andalucía, los cambios han sido extraordinarios: se cerraron los ocho macabros manicomios existentes y, en su lugar, se fue desarrollando una red sanitaria compleja y distribuida por todo el territorio andaluz, con un total de 147 unidades asistenciales abiertas (entre ellas 78 de salud mental comunitarias), además –en todas y cada una de las provincias– de diversas unidades de internamiento psiquiátrico en los hospitales generales, unidades de rehabilitación de salud mental, comunidades terapéuticas, hospitales de día, unidades de salud mental infanto-juvenil, hospitales de día infanto-juvenil…, en la que desarrollan su labor profesional en jornada completa 2.651 profesionales (entre ellos, por ejemplo, 492 psiquiatras y 259 psicólogos clínicos, además de enfermeras, trabajadores sociales, terapeutas ocupacionales, auxiliares de enfermería, monitores, administrativos…). A esto hay que añadir la puesta en marcha de la red específica de apoyo social de carácter intersectorial que representa la Fundación Pública Andaluza para la Integración Social de Personas con Enfermedad Mental (Faisem), con programas sociales y de empleo complementarios de los sanitarios y con más de 8.000 personas atendidas. La calidad de los resultados de todo esto ha sido reconocida por la propia Agencia de Calidad Sanitaria Andaluza, por múltiples profesionales de las distintas comunidades autónomas, por distintos movimientos asociativos y por organismos internacionales, como la OMS y responsables técnicos de la Unión Europea.

Ahora, cuando pronto se cumplirán los 40 años del inicio de la reforma, hay quien plantea revisar (supongo que no cuestionar) lo que se ha hecho. El afán en principio puede ser legítimo. No todo se ha hecho bien y un impulso crítico y renovado debe ser bien avenido. Es cierto que desde el inicio de la reforma han cambiado muchas cosas y esto, que implica a toda la asistencia sanitaria, no solo a la salud mental, debe ser tenido en cuenta. Cambios demográficos y en la demanda de asistencia, cambios sociales y económicos, cambios que tengan en cuenta los posibles errores cometidos y las nuevas evidencias que a nivel de la salud mental se han puesto de manifiesto en procesos similares desarrollados en todo el mundo, las nuevas políticas de género, las continuas conquistas en el reconocimiento de los derechos humanos y civiles… Sin embargo, para afianzar y mejorar lo ya conseguido en salud mental, los cambios que pudieran introducirse, como poco, deberían responder a tres características. 1) Tener en cuenta la complejidad del problema. La gestión pública, y más la sanitaria, es cada vez más gestión del conocimiento, y el conocimiento en lo que respecta a la salud mental es extraordinariamente complejo, plural, disperso entre los diversos actores implicados, con importantes zonas de incertidumbre, incluso de contradicciones. Gestionar por tanto de forma simple y reduccionista lo complejo nos aboca no solo a la ineficiencia sino a la ineficacia, a la generación de más problemas que los que se trata de solucionar, es decir, a la antigua solución manicomial. 2) La multilateralidad, pues si bien es cierto que la reforma fue el fruto –por así decirlo– de un acuerdo entre el poder político y los profesionales, esto hoy día no es posible. La variedad de agentes legítimamente implicados (poder político, profesionales, pacientes, familiares, asociaciones civiles…, cada uno con sus intereses legítimos y no siempre en todo coincidentes hacen imposible cualquier intento reduccionista. Y 3) la sensatez y mesura. En este sentido, quisiera recordar las palabras de Abril Martorell (exvicepresidente del Gobierno con Adolfo Suárez), quien, a propósito de la reforma del sistema sanitario público español, decía: «Antes de reformar un modelo hay que analizar la realidad de partida, denunciar con cariño y respeto los defectos de funcionamiento y sugerir caminos de solución», y luego agregaba: «Los experimentos en salud, en casa y con gaseosa».

Pues eso, en ese menester, bogando en esta necesaria singladura –compleja, multilateral, con sensatez y mesura–, no puede sobrar nadie, todos los agentes implicados –políticos, profesionales, pacientes, familiares, asociaciones civiles…– deberían tener asiento reservado en esa mesa. Ahí, en asentar y mejorar lo ya hecho, sí que podríamos encontrarnos.

CICLO CINE Y PSICO(PATO)LOGIA II: LA FAMILIA

TERCERA SESIÓN: Jueves 11 de Abril de 2019

PELÍCULA: OTRA MUJER(1988) de Woody Allen

PRESENTA: FABIO RIVAS (psiquiatra. Málaga)

EN DIÁLOGO CON PEDRO POYATO (Catedrático de Cine. UCO)

COORDINACIÓN: Celia Fernández Prieto, Profesora de Teoría de la Literatura en la Universidad de Córdoba

ORGANIZA: Fundación Castilla del Pino y Filmoteca de Andalucía.

LUGAR: Filmoteca de Andalucía. Calle Medina y Corella 5. Córdoba.

 Tras la proyección tendrá lugar un coloquio entre el presentador y un invitad@, abierto a las intervenciones del público asistente.

Empezará a las 19 horas.

COLABORAN:

Ayuntamiento de Córdoba

Diputación de Córdoba

Hospital Univ. Reina Sofía

 

   

 

 

XXVII Congreso de la AEN-PSM 2018, un resumen

El pasado sábado 9 de Junio cerramos nuestro XXVII Congreso, celebrado en la hermosa ciudad de Córdoba

Con una nutrida asistencia de múltiples profesionales y con la presencia y la participación de colectivos de usuarios/as, durante cuatro días hemos debatido temas diversos, pensando en el presente y el futuro de la Salud Mental.

Glosar tantas y variadas propuestas no es fácil, sobre todo si queremos hablar del futuro incluyendo a todas los sectores implicados en el proceso: profesionales, gestores, y la ciudadanía implicada como perceptor de servicios.

Después de este momento, la AEN-PSM mantiene el compromiso de buscar la reflexión, la calidad de la atención, la sensibilidad hacia las expectativas de las personas que sufren emocionalmente, la implicación social, la lucha contra el estigma, el debate de fondo sobre lo psicopatologico, lo psicológico, lo psicosocial, y toda la crítica que viene con fuerza desde el lado de los y las afectadas. 

Un Congreso que no ha dejado de lado los aspectos más importantes del debate acerca del malestar social, la exclusión, la diversidad, la inmigración, y los nuevos modelos críticos hacia las propuestas tradicionales, científicas, en un proceso que se va construyendo sin excluir a quien se sume, y no olvide a quien no puede participar.

Seguiremos desde hoy en el mismo empeño, en nuestras actividades de las filiales autonómicas, publicaciones y sobre todo, en el esfuerzo cotidiano en la asistencia, la investigación, y el debate continuo sobre cómo mejorar.

pasado sábado 9 de Junio cerramos nuestro XXVII Congreso, celebrado en la hermosa ciudad de Córdoba

Con una nutrida asistencia de múltiples profesionales y con la presencia y la participación de colectivos de usuarios/as, durante cuatro días hemos debatido temas diversos, pensando en el presente y el futuro de la Salud Mental.

Glosar tantas y variadas propuestas no es fácil, sobre todo si queremos hablar del futuro incluyendo a todas los sectores implicados en el proceso: profesionales, gestores, y la ciudadanía implicada como perceptor de servicios.

Después de este momento, la AEN-PSM mantiene el compromiso de buscar la reflexión, la calidad de la atención, la sensibilidad hacia las expectativas de las personas que sufren emocionalmente, la implicación social, la lucha contra el estigma, el debate de fondo sobre lo psicopatologico, lo psicológico, lo psicosocial, y toda la crítica que viene con fuerza desde el lado de los y las afectadas. 

Un Congreso que no ha dejado de lado los aspectos más importantes del debate acerca del malestar social, la exclusión, la diversidad, la inmigración, y los nuevos modelos críticos hacia las propuestas tradicionales, científicas, en un proceso que se va construyendo sin excluir a quien se sume, y no olvide a quien no puede participar.

Seguiremos desde hoy en el mismo empeño, en nuestras actividades de las filiales autonómicas, publicaciones y sobre todo, en el esfuerzo cotidiano en la asistencia, la investigación, y el debate continuo sobre cómo mejorar.