Nuestra opinión sobre la comparecencia del Consejero.

Comparecencia del Consejero de Salud y Familias de la Junta de Andalucía ante la Comisión de Sanidad del Parlamento de Andalucía.

INTRODUCCIÓN:

La Junta Directiva de la AAPSM inició, a principios de año, un proceso de contacto con las diferentes fuerzas políticas, asociaciones y sindicatos de Andalucía, con el objetivo de intercambiar opiniones  sobre el estado de la atención a los problemas de  Salud Mental en nuestra comunidad, a partir del informe que publicamos en nuestra web el pasado mes de Julio (leer aquí). 

Hasta el momento actual, se ha recibido acuse de recibo de la Asociación Española de Enfermería de Salud Mental, una petición de contacto desde el grupo VOX, (pendiente aún de concretarse) y una petición formal de encuentro por parte del grupo Adelante Andalucía. Este último se materializó y, partiendo del documento anteriormente citado, permitió un importante intercambio de información sobre la atención a la Salud Mental (SM) en Andalucía. Como resultado de dicho encuentro, el grupo político  presentó una iniciativa en sede parlamentaria (Ver vídeo aquí:).

DESARROLLO:

La intervención de Vanessa García Casaucau (parlamentaria de AA) aporta un análisis de la situación, con énfasis  en la carencia de recursossociosanitarios comunitarios y sus consecuencias(disminución de la calidad asistencial, distanciamiento del modelo de la recuperación, estancamiento de la  promoción de autonomía y de la lucha contra el estigma…); e introduce una cuestión al Sr. Consejero de Salud, D. Jesús Aguirre:

¿Qué inversión en recursos humanos y técnicos va a realizar su Consejería en Andalucía?

Como respuesta a ella, desde la Consejería de Salud y Familias se anuncian mejoras futuras en la atención a la SM consistentes en la promoción de  dos proyectos: la implantación de los Equipos de Tratamiento Asertivo Comunitario (ETAC) en todas las Unidades de Gestión Clínica de Salud Mental (UGC-SM), y la dinamización de las interacciones entre SM y Atención Primaria con la incorporación de un psicólogo clínico, con tal fin, a  todas las Unidades de Gestión Clínica. 

ANÁLISIS DE LA PROPUESTA:

Valoramos la importancia de que el debate sobre el actual estado de la atención a la SM en Andalucía se traslade al Parlamento Autonómico, ya que contribuye a visibilizar las deficiencias del actualsistema sociosanitario, estimula el debate y puede inspirar nuevas líneas de mejora. Por ello, consideramos que trabajar con las distintas fuerzas políticas del Parlamento Andaluz, contribuye  a la toma de conciencia de la importancia del abordaje de la enfermedad mental desde una  perspectiva biopsicosocial y del concepto de recuperación como parte imprescindible del proceso terapéutico.

En cuanto a las propuestas concretas dadas por el Sr. Consejero, ante la pregunta realizada por la parlamentaria de AA, señalar que no son recientes ni innovadoras metas de futuro, sino programas desde antaño reclamados y ocasionalmente instaurados, si bien de manera insuficiente y muy desigual entre las distintas provincias andaluzas.

La implantación generalizada de ETAC en todas las UGC de Andalucía es un proyecto ansiado desde hace años, por tanto, el anuncio público ha sido gratamente  recibido. Sin embargo,  y dado que  la satisfacción plena de tal expectativa es  tan dependiente  del cumplimiento de requisitos previos (tales como dotación adecuada de  recursos humanos, ampliación de infraestructuras e integración plena en las USMC), la ausencia de detalles al respecto requiere información ampliada y/o aclaraciones.

Por otro lado, cumpliendo con la directriz de mantener y garantizar la cercanía de los dispositivos de SM al entorno del usuario, la apuesta por   incorporar   un nuevo FEA de Psicología Clínica en cada UGC parece conveniente, al objeto   de mejorar la integración y la coordinación con Atención Primaria. Sin embargo, valoramos que la estimación hecha quizás sea muy insuficiente, requiera una ampliación y/o la incorporación de otras categorías profesionales a tal fin.

En general, consideramos que las propuestas resultan insuficientes, al limitarse a un grupo concreto de patologías de elevada complejidad,  obviando las  necesidades de mejora en otras  áreas de la Salud Mental igualmente prioritarias,  como son los trastornos de la personalidad, los trastornos de la conducta alimentaria y la salud mental infanto-juvenil. Además del inexacto aumento de contenidos, la propuesta se vislumbra doblemente exigua  al no considerar dar respuesta alguna a la evidenciada carencia, tanto de recursos humanos (terapeutas y monitores ocupacionales, psicólogos clínicos, enfermeros especialistas en SM, asistentes de ayuda a domicilio, orientadores laborales…),como de medios materiales o de infraestructuras(dispositivos asistenciales de atención a la cronicidad con  orientación rehabilitadora: Comunidades Terapéuticas y Unidades de Rehabilitación, mejoras estructurales en las Unidades de Hospitalización,  recursos residenciales, centros de día, soportes informáticos y telemáticos…) que la comunidad viene experimentando en los últimos años.  Y finalmente, de alguna manera se añora ´también algúnpronunciamiento sobre cómo subsanar las carenciasreales en la implantación, con equidad y homogeneidad, de programas de atención grupal,  de participación de usuarios y familiares, así como de docencia e investigación.  

Finalmente, agradecemos al grupo parlamentario, Adelante Andalucía, su muestra de  interés en conocer la realidad de la atención a los problemas de SM en Andalucía y su decisión de pasar a la acción planteando cuestiones relativas a ello en sede parlamentaria. Nuestra postura es abierta a mantener encuentros similares con el resto de fuerzas políticas y sociales, con el objetivo de dar visibilidad a los problemas de Salud Mental, sensibilizar y concienciar sobre la necesidad de luchar contra el estigma y promover cambios favorables en la sociedad y en  el modelo de atención a la SM.

(Documento en PDF AQUI)

SOBRE LA PANDEMIA COVID-19, DESDE LA SUBJETIVIDAD HACIA LA INMERSIÓN A LA REALIDAD.

Mariano Hernández Monsalve

Psiquiatra.

(Publicado en http://www.amrp.info/?p=1276)

Lejos de saber si quedó definitivamente abolida la “normalidad” ( la vieja, la injusta, que nos trajo todo esto) y sin que nadie nos haya podido dar noticia de cuándo y cómo nos instalaremos en la “nueva” ( la buena, la de verdad, la justa, creativa, holística y solidaria), quiero yo aprovechar el momento para celebrar el reencuentro con las distintas tribus que componemos la AMRP , esperando que todos y cada una de nosotros nosotras nos encontremos razonablemente bien de salud y con ánimos y ganas de reemprender ruta a la vez que, mientras tanto, la vamos descubriendo , definiendo, decidiendo.

Soy de los afortunados que he vivido la situación sin haber sentido el aliento del virus en el cogote, con moderada conciencia de riesgo, que se mantuvo gracias a los recordatorios que me han venido haciendo mis hijas con cierta frecuencia acerca de mis factores de riesgo, que me obligaban a extremar la prudencia ; he cumplido bastante bien con las normas del encierro y de la distancia física, no así con la distancia social, pues he practicado contacto social tanto como he podido ( me pareció un lema excelente el que proponían un grupo de profesionales y usuarios en una residencia de mayores y discapacitados en Lisboa : “É importante mantermos a distancia dos corpos e a proximidades dos coraçoes” ), a la espera de recuperar “ a proximidades dos corpos” tan pronto como sea posible

Digo que he mantenido una cierta conciencia de riesgo; y también una desigual conciencia de realidad, muy afilada en algunos aspectos ( los más “objetivos”, lo que se refiere a las circunstancias epidemiológicas, asistenciales y clínicas de la pandemia ), y un tanto difusa en otros: Reconozco haber estado imbuido por una buena dosis de irrealidad, inevitable con solo atisbar a percibir que los humanos, todas las tribus , urbanas y rurales, jóvenes y mayores, abandonamos la calle, y los bares, y los cines, y el metro , y los museos, y los centros de día, y los de salud mental y los de rehabilitación psicosocial , e incluso muchos centros de salud ; y las calles quedaron vacías y silenciosas , como si de un experimento natural se tratase, de dimensiones nunca imaginadas ni soñadas: la ciudad sin coches, despertar con el trino y canto de pájaros, las hierbas creciendo en cualquier rincón de la ciudad, Madrid sin boina, día tras día, ,los delfines junto a la plaza de Venecia y en las playas de Cádiz, o de San Sebastián; o las ballenas junto a la plata de las Canteras en Las Palmas , jabalíes en medio de Barcelona, y cerquita de Madrid . Mientras tanto, un puñado de conciudadanos concentraban sus miedos, sus aullidos del alma en pena, en recintos hospitalarios, convertidos en lugar de anonimato e ignominia para muchos; y muchos de los nuestros, sobre todo nuestros mayores morían de la peor manera, en la inmensa soledad. Ni en la peor pesadilla podríamos imaginar urgencias saturadas y desbordadas en un hospital y en otro y en otro, gente implorando acceso a UCI, antesala de la muerte para tanta gente, féretros en el lugar del disfrute de patinadores, la obscenidad de las muertes clandestinas en las residencias… Imágenes todas ellas tan reales como oníricas tiñeron de irrealidad, de ficción las pantallas de nuestro imaginario… ¿cómo no estar alcanzado por una cierta irrealidad ?, dando así la razón al magnífico Fellini cuando declaraba que nuestros sueños son nuestra auténtica vida real”

Sin ánimo de ponerme ahora muy trascendente, a nadie se nos escapa que la pandemia ha supuesto un buen revolcón y puesto patas arriba muchos de los fundamentos de nuestro sistema articulado en torno a la llamada globalización de cimientos neoliberales, que viene operando mediante el consumismo, inequidades-injusticias generalizadas, y el desprestigio del lazo social- solidaridad-comunitarismo. Y ha supuesto igualmente un ensayo general ¿improvisado? de nuevos modelos de relación social y de relación interpersonal: control telemático de la población (movimientos, posibilidad de estado de control de salud, ¿otros?), teletrabajo y teleasistencia, cuya trascendencia a medio plazo puede ser muy grande. Y como metáfora del incierto equilibrio entre nuestra necesidad del otro, y la desconfianza del mismo, de momento nos quedamos con la imagen del puercoespín, o del erizo, que busca el acercamiento a los suyos para darse calorcito cuando hace frío, pero que no puede acercarse demasiado para evitar hacerse daño con los pinchos del otro (la llamada paradoja del erizo de Schopenhauer, rescatada recientemente por Guillermo Rendueles – Sin salir del túnel. La sociabilidad del puerscoespín- , y hace unos días Por Fernando Savater en la prensa (https://elpais.com/elpais/2020/04/24/opinion/1587729284_886170.html) .

En la misma línea de brochazos para referirme a los rasgos destacables, me importa también señalar la otra cara de los efectos pandemia, es decir la activación de los restos ¿ residuos? del componente más humanitario y humanista, más allá de nuestros esforzados sanitarios, como son la cantidad de buenos ejemplos de ayuda vecinal , cierto voluntariado, y un aumento de permeabilidad de nuestras corazas emocionales hacia una mayor disposición hacia lo que hoy se ha redescubierto-redefinido como sentimientos compasivos hacia los nuestros, comportamientos, actitudes y sentimientos de futuro incierto: los más realistas-pesimistas insisten en lo olvidadizo del ser humano: pues si tantas veces se ha insistido en que olvidar los errores nos lleva a repetirlos, otros han observado que el olvido es mucho más poderoso que el daño producido ; y que “si el animal- que también somos- no fuese capaz de olvidar, se suicidaría en masa” ( https://www.efeminista.com/chantal-maillard-este-es-mundo-donde-violencia-es-ley/)

En todo caso, lo que parece bastante claro es el efecto que ha tenido como visibilizador de cuestiones precarias que ya estaban : la atención primaria en precario , el déficit de atención domiciliaria, las malas condiciones en que se muere en España (cuando no se ofrecen cuidados al final de la vida, ni se facilita el acompañamiento; ….e cuando se sigue practicando el encarnizamiento terapéutico ) le enorme importancia de las redes sociales de vecindario, de barrio, ocasionalmente con implicación de servicios sociosanitarios, allí donde estaban y ha funcionado; así como la escasa implantación de esas redes en tantos otros sitios; además de las contradicciones de nuestro sistema  financiero, laboral, injusto….

Y, en lo que se refiere a la población a cuya atención nos dedicamos más específicamente, que es , o debería ser el objeto principal de estas líneas, por el momento señalaré algunos aspectos que me parecen más relevantes, a modo de prólogo, con intención de buscar mayor profundidad en próximas aportaciones; y a sabiendas de que iremos describiendo la(s) crónica de los servicios de rehabilitación y la recuperación psicosocial en tiempos de covid de forma más detallada, y aprender de lo todo lo que podamos :

1)Una de las apreciaciones más generalizadas por parte de las los colegas del ámbito de la rehabilitación es la buena, excelente incluso, respuesta adaptativa por parte de la mayor parte de personas con “trastornos psicóticos crónicos y cierto grado de deterioro”: han asumido el confinamiento sin aspavientos, quizás porque para la mayoría no les resultaba una experiencia demasiado nueva, y la experiencia adquirida en anteriores encierros involuntarios , muy a menudo acompañados de otras medidas coercitivas, le permitía activar sus mejores habilidades adaptativas. Además, en este caso no había discriminación alguna, pues eran encerradas o encerrados en l0as mismas circunstancias que los demás. Y además, el encierro les servía a veces para sacudirse algunas “cargas” no siempre bien asumidas en el mundo externo (de forma equivalente a dejar de acudir al trabajo por parte de la mayoría de los ciudadanos). Y a menudo encontraron nuevas oportunidades de mejora en sus roles familiares, cuando el contexto tranquilo y reposado del clima familiar lo haya permitido. Por tanto, algunas buenas lecciones nos han estado dando este grupo de población, y tomamos buena nota de ellas

2) Una atención especial merece el trabajo de las residencias, de las minis, y de las unidades de rehabilitación en contexto hospitalario, donde me consta que se han hecho esfuerzos ímprobos por mantener climas de convivencia, atender los requerimientos de cada usuario en la medida de lo posible, mantener los vínculos familiares, mediante contacto telefónico u otros medios telemáticos. Y todo ello junto a cambios en los equipos por bajas y suplencias cuando pudieron hacerse

3) Otro ámbito de experiencias, a la espera de una buena crónica, es el conjunto de esfuerzos por mantener la coordinación – entre los distintos equipos de rehabilitación que operan en una zona – y con otros dispositivos sociosanitarios, sean los de salud mental, los servicios sociales, los de atención primaria, ONGs, u otras organizaciones de ayuda con quienes se ha colaborado en este tiempo, y que convendría dejar dicho antes de que el tiempo los vaya pasando al olvido. En mi opinión sería muy interesante que esto pudiera irse haciendo ya.

4) Otra de las experiencias a apuntar en el haber de los hallazgos es el conjunto de nuevas formas de tele-atención, incluyendo la atención telefónica (también merece una crónica , y una evaluación de todo lo que el teléfono ha hecho posible en estas semanas) y la atención mediante pantallas , incluyendo algunas intervenciones grupales ( también, muy importante, la crónica y la evaluación de la experiencia ) Entre ellas he tenido oportunidad de seguir más de cerca los programas del museo Thyssen ( www.educathyssen.org ) , generadoras de salud por medio de la contemplación de obras de arte, y la participación en diálogos y conversaciones ; y los trabajos compartidos en tantas otras asociaciones entre usuarios, profesionales y familiares

Desde muchos foros se señala la inquietud de si lo que para muchos ha supuesto el descubrimiento de la tele-asistencia va a invitar a suplir la presencia física. Ahí tenemos un desafío importante. En mi opinión tendremos que aprender , usuarios y profesionales, a combinar ambos tipos de atención: siendo la relación presencial y directa la primordial, no podremos despreciar las posibilidades de atención a distancia , aprendiendo a compartir el mejor uso de las nuevas tecnologías, al servicios del mantenimiento de las relaciones entre profesionales y con los usuarios que lo deseen , sin descuidar el ocuparnos de la llamada “brecha digital”, que puede expulsar de las nuevas modalidades de relación (aun cuando no se hagan hegemónicas) a tantos grupos de población

5) Y la cuestión de los daños, los detectados y los previsibles.

Imprescindible considerar el telón de fondo y los emergentes individuales

Mas allá de los buenos resultados de los esfuerzos adaptativos por parte de usuarios y profesionales, y de las buenas prácticas esbozadas en lo dicho hasta ahora (y que requieren ser descritas y evaluadas en la medida de lo posible), sabemos que nos enfrentamos a daños y riesgos presentes en el ámbito de la salud mental. Daños y riesgos cuyo alcance en gran parte va a depender de circunstancias aún por venir; por ejemplo, la potencia de las medidas de protección- socioeconómica, laboral, acceso a vivienda y trabajo-, para contrarrestar las crecientes vulnerabilidades de tanta gente, en áreas socioeconómicas; o de las medidas para apoyar la reconstrucción de lazo social e integración de todos nosotros en un mundo más acogedor, más justo, más viable, menos depredador con el planeta, la naturaleza…. ..¿ seremos capaces de hacer realidad ese debate y aprovechar la capacidad presuntamente transformadora del mismo?

Pues sobre ese telón de fondo veremos si se concretan las previsiones más agoreras de que a la pandemia sanitaria le seguiría una profunda crisis socioeconómica, y a ésta una pandemia de problemas de salud mental ( con aumento de ansiedad-depresión, alcoholismo, suicidios …) , incapaz de ser razonablemente abordada ni resuelta mediante respuestas centradas en los modelos de enfermedad -trastorno mental que requiere fármacos e intervención psico uno por uno en cada individuo, o seremos capaces de generar respuestas apropiadas a la naturaleza de los problemas- respuestas sistémicas y comunitarias ante problemas colectivos , por más que los daños los apreciemos en cada individuo

Este epígrafe podría ser motivo de un nuevo texto, donde podamos revisar los datos que vamos teniendo acerca de la dimensión del impacto sufrido y que se está sufriendo, y podamos hacer una valoración un tanto discriminada según los distintos subgrupos; e igualmente, sobre las medidas que se están tomando. Comprometiéndome por tanto a un segundo texto sobre estas cuestiones, avanzo algunos aspectos significativos a tener en cuenta

  • Hemos de buscar un equilibrio entre la tendencia a diagnosticar que se está ya manifestando de forma exacerbada y que, desafortunadamente, tiende siempre a buscar remedios en la intervención del profesional especialistas ( más psicofármacos, más psicoterapia… incluso para remediar la pobreza, la soledad, el abandono social , el infortunio…) , y la necesaria búsqueda de respuestas en contextos de participación y compartiendo iniciativas, y búsquedas de respuestas: lo que siempre llamamos metodología comunitaria , más proclamada que practicada.

Por esto, me parece URGENTE proceder a la identificación y divulgación de experiencias de buena práctica en intervenciones. Por supuesto, atendremos que estudiar las circunstancias y decir algo sobre la previsible oleada de diagnósticos de ansiedad, depresión, trastornos por estrés postraumático y otros efectos de traumas y duelos vividos, pero siempre teniendo en cuenta lo dicho anteriormente

  • Todas estas son razones que nos recuerdan que hemos de estar alertas al riesgo de recurrir al psicofármaco y a otros productos “psico” que desvíen la atención y alejen las respuestas más eficaces : Datos de aumento considerable de uso de psicofármacos en Estados Unidos en pleno momento expansivo de la pandemia ( https://rxisk.org/starship-corona-captains-log/ ). Probablemente es muy cierta la noticia del diario Público de hace pocos días que titulaba con un inequívoco “ es más fácil conseguir un bote de antidepresivos que ir a terapia” ( https://www.publico.es/economia/facil-bote-antidepresivos-terapia-afectan-crisis-trabajadores.html) También podríamos decir que es más fácil mandar a la gente a terapia que ayudar a remediar el problema de vivienda, de trabajo, de supervivencia …
  • A tener muy en cuenta el potencial de las personas y grupos para afrontar las crisis vitales, individual y colectivamente, y poder salir fortalecidxs con ello. Ejemplo, en este video que hemos elaborado en siap covid 19: podemos aprender de quienes resisten: https://www.youtube.com/watch?v=666oYxDwYa8&feature=emb_title. O en textos que reflejan la experiencia regeneradora y de potente aprendizaje y solidaridad que sigue en ocasiones a las catástrofes, como relata Rebecca Solnit en su maravilloso libro, “Un paraíso construido en el infierno”
  • La cuestión del suicidio es otra circunstancia que no podemos dejar delado: hemos de estudiar los suicidios consumados y los riesgos de.. No deja desde ser un tema de preocupación, difícil de abordar de forma no simplista.

Como advierte el documento del Ministerio de Sanidad recientemente publicado (https://www.mscbs.gob.es/profesionales/saludPublica/ccayes/alertasActual/nCov-China/documentos/ITCoronavirus.pdf ) , tanto la mayor prevalencia de la sintomatología de ansiedad, depresión y efectos de trauma, como otras varias situaciones provocadas por la epidemia (aislamiento, dificultades económicas, miedo, consumo de alcohol) pueden influir en el riesgo de suicidio . En el mismo documento se informa de un modelo que analizó cómo influiría el desempleo asociado a la COVID-19 con el suicidio usando datos de 63 países tomando una estimación de empleos perdidos por la crisis facilitado por la Organización Internacional del Trabajo (entre 5,3 millones a 24,7 millones). Estimaron que el número de suicidios causados por el desempleo estaría entre 2.135 y 9.570 por año. Y según una investigación de la revista British Journal of Psychiatry, la cifra de personas en Norteamérica y Europa que entre 2008 y 2010 se quitaron la vida como consecuencia de los recortes asciende a 10.000. Importante por tanto una aproximación integral al problema, sabiendo que las medidas preventivas más potentes están a muy a menudo en la adecuada gestión de los recursos que protejan de los efectos socioeconómicos (y en consecuencia, en buena parte de los efectos psicosociales) de la crisis

-Entre los problemas importantes a no olvidar : la situación de la violencia de género, y de la violencia sufrida por menores , tras convivencia forzada con familiares abusadores , como prueba los datos de fundación ANAR y del Observatorio de la Infancia, y otros datos recientes publicados en prensa general ( https://www.publico.es/sociedad/menores-mi-papa-me-viola.html ) . Hay alternativas, como así lo promueven profesionales reunidos en siap-covid19 (seminario de innovación en atención primaria, extraordinario sobre Covid19) https://covid19siap.wordpress.com/por-su-bien/

– Y entre las respuestas institucionales, tendremos que revisar -estudiar las que se empiezan a activar, como laque acaba de poner en marcha el Ayuntamiento de Barcelona ( https://www.eldiario.es/catalunya/Barcelona-crisis-devastadora-ciudadanos-confinamiento_0_1031347695.html) pensar bien cuáles serían las mejores respuestas ,y sobre todo cómo ponerlas en práctica

– Otros asuntos bien importantes sobre los que reflexionar al hilo de cuestiones destapadas por la pandemia son, entre otros: Las circunstancias de envejecimiento y vida en las residencias en España, las malas maneras y de morir en UCIs y hospitales en España, el estrés de los profesionales sanitarios y sociales, el prestigio y el reconocimiento de los profesionales del cuidado, y de la educación, la función de los medios de comunicación en informar y formar opinión, la participación d elso ciudadanos en los servicios públicos sociosanitarios…

– Para ampliar información básica, además de los enlaces señalados en el texto, recomiendo el acceso al “ Manifiesto de la AEN sobre la situación de emergencia Covid 19” ( https://aen.es/blog/2020/04/30/manifiesto-aen-sobre-situacion-de-emergencia-covid-19/) , la Guía AEN para medidas urgentes en centros penitenciarios https://aen.es/blog/2020/05/04/guia-medidas-urgentes-en-los-centros-penitenciarios-durante-esta-pandemia-de-coronavirus/, la amplia documentación que resume los trabajos del seminario de innovación en atención primaria , extraordinario sobre covid 19 (https://covid19siap.wordpress.com/) ; y los artículos y textos accesibles en la página de la WARP ( http://www.wapr.org/covid-19-resources-and-experiences/ )

Buenas prácticas en TMG en Andalucía durante la pandemia de CoVid-19

 

Primer documento de Buenas Prácticas en TMG durante la pandemia de CoVid-19 en Andalucia. A medida que se sea necesario, se irá revisando el documento.

[pdf-embedder url=»https://aapsm.net/wp-content/uploads/2020/04/Buenas-prácticas-en-SM-Andalucía-en-la-epidemia-COVID-19-.pdf» title=»Buenas prácticas en SM Andalucía en la epidemia COVID-19″]

Descargar PDF AQUI

 

COMUNICADO DE LA AAPSM EN RELACION CON LAS UNIDADES HOSPITALARIAS DE SALUD MENTAL

Ante el reportaje aparecido ayer en el País titulado «Incidentes graves destapan el deterioro de las áreas psiquiátricas en Andalucía», la Asociación Andaluza de Profesionales de Salud Mental- AEN (AAPSM-AEN), manifiesta lo siguiente:

Las Unidades de Hospitalización de Salud Mental en Andalucía (UHSM), son un recurso de la red asistencial, que trabaja en red y que forman parte del entramado del modelo comunitario. Las UHSM son Unidades de corta estancia, situadas en Hospitales Generales con el objetivo de prestar
atención en crisis, en régimen de hospitalización total a los pacientes que lo necesiten, con intervenciones intensivas, orientadas hacia la posterior continuidad de cuidados en la comunidad.

Están enclavadas organizativamente dentro de la red comunitaria de atención a la salud mental de la ciudadanía andaluza y coordinada entre sí y con otros servicios tanto sanitarios como sociales.

Para trabajar adecuadamente en las UHSM es necesario establecer un buen ambiente terapéutico, que conlleva dos principios fundamentales: convertir el contexto en instrumento para modificar el comportamiento y que esté regido por reglas de participación que potencien la colaboración activa del paciente en la vida de la Unidad.

Para esto es necesario trabajo en equipo (Psiquiatras, psicólogos, Enfermeras, Trabajadoras sociales…), la colaboración y corresponsabilización de los pacientes en el cuidado de las normas y de las instalaciones, con una escucha activa y flexible del personal a las sugerencias, iniciativas y críticas que provienen de los usuarios y familiares, y la participación del usuario en el devenir de la Unidad, incluyendo las mejoras de sus normas .

Esto requiere tolerancia y flexibilidad, reglas sencillas y claras conocidas por todos y todas, susceptibles de ser modificadas por el acuerdo, con un horario de actividades terapéuticas conocido y respetado, fomentándose las relaciones entre los pacientes y entre estos y el personal. Para todo esto, se requiere unos recursos humanos entrenados en este tipo de competencias y con una actitud de escucha y empática.

Es fácil deducir de aquí que en la UHSM se necesita espacios suficientemente grandes, acogedores y confortables, que posibiliten las relaciones y las actividades terapéuticas. Los pacientes en la UHSM no están encamados, por lo que requieren más espacio/s que en otros Servicios del Hospital.
También es fundamental personal especializado, incluidas las enfermeras especialistas en salud mental, porque lo mencionado más arriba no se consigue con buena voluntad, sino con saber teórico y con entrenamiento.

La situación en las UHSM de Andalucía es desigual. Es cierto que en las tres UHSM que señala el artículo de El País, han pasado acontecimientos adversos trágicos y quizás evitables. Hay otras 17 UHSM dónde se trabaja día a día con gran esfuerzo de los profesionales en crear y/o mantener el ambiente terapéutico y evitar las contenciones mecánicas, dónde no han ocurrido. La solución no es, como señala el Dr. Crespo poner más camas, ni públicas, ni mucho menos concertadas, sino realizar mejores prácticas, como las consensuadas científicamente y que son las siguientes:

1.- Dotar a las UHSM de espacios suficientes para realizar actividades terapéuticas, incluidos grupos, permitir la interacción y la intimidad en las visitas, así como tener al menos algunas habitaciones individuales.

2.- Incluir además de psiquiatras, a psicólogos clínicos en todas las Unidades de Hospitalización y a enfermeras especialistas en salud mental, con formación específica en técnicas de desescalada y en los 10 pasos para evitar las contenciones mecánicas.

3.- Hacer las Unidades más abiertas, aumentando el tiempo de visitas de familiares y amigos,
permitiendo el uso de teléfonos móviles y fomentando el acompañamiento familiar durante todo el ingreso.

4.- Hacer un código de buenas prácticas de las UHSM, incluidas en el contrato programa de los hospitales, de obligado cumplimiento.

5.- Contratar a usuarios formados, que en su caso puedan actuar como interlocutores y/o mediadores en las UHSM, así como poner en marcha estrategias de ayuda a los usuarios.

Es preciso recordar que las personas ingresadas, están en un momento de gran vulnerabilidad personal, por lo que se hace más necesaria que en otras etapas la presencia de recursos humanos suficientes y formados, espacios adecuados y alternativas terapéuticas basadas en la evidencia. El volver a los manicomios con muchas camas, pero sin contenido terapéutico, no es una opción científica actualmente.

Mejoremos lo que hay, aireemos las dificultades, estudiemos y pongamos en práctica las áreas de mejora, que están identificadas, como señalamos en este comunicado, siguiendo las directrices de la OMS y de la comunidad científica internacional.

Mercedes Castro García.
Presidenta de la AAPSM- AEN.

XXXII JORNADAS ANDALUZAS DE PROFESIONALES DE SALUD MENTAL

XXXII Jornadas que se celebrarán en Jerez, del 17 al 19 de Octubre de 2019, en el    Palacio de Villapanés, c/.Cerrofuerte, 1 

INSCRIPCIONES (click aqui) y COMUNICACIONES (Enlace para subir posters)

Documento completo en pdf

[pdf-embedder url=»https://aapsm.net/wp-content/uploads/2019/06/Programa-XXXII-Jornadas-de-la-AAPSM-AEN-Jerez-2019.pdf» title=»Programa XXXII Jornadas de la AAPSM – AEN Jerez 2019″]

Psiquiatría biológica: ¿estamos creando enfermos mentales?

Irene Muñoz

ACABAR CON EL SOBREDIAGNÓSTICO

La neurobiología pretende incrementar los diagnósticos y tratamientos clínicos para cualquier dolencia mental. Su discurso es confuso y parece responder a intereses económicos.

El discurso de la psiquiatría biológica afirma que todos los trastornos mentales pueden y deben ser entendidos como enfermedades cerebrales. Para que esto resultara cierto, la psiquiatría biológica tendría que representar una ruptura epistemológica en la historia de la psiquiatría. Es decir, debería ser posible constatar un aporte sustancial de la neurobiología en la práctica psiquiátrica, pero esto parece no ser así.

La visión biológica como paradigma dominante en psiquiatría

En primer lugar, cabe destacar cómo la psiquiatría americana ha ido imponiendo al resto del mundo su concepción estrechamente neurobiológica de las enfermedades mentales. Esta difusión no está directamente relacionada con el éxito de este tipo de psiquiatría, ya que el número de pacientes no ha disminuido, sino al contrario. Por tanto, lo primero de lo que debemos darnos cuenta es de que estamos ante un discurso que, a pesar de privilegiar la concepción neurobiológica de las enfermedades mentales, evoluciona independientemente del progreso de la neurobiología.

El origen de la perspectiva neurobiológica: el DSM

La clasificación de las enfermedades mentales propuesta por la Asociación Americana de Psiquiatría en 1980 (DSM-3) pretendía mejorar la fiabilidad
y validez
de los diagnósticos homogeneizando los diferentes modelos teóricos que existían en la época. Dicha homogeneización también facilitaría la investigaciónclínica y biológica.

Los descubrimientos de la época acerca del párkinson y otras enfermedades neurológicas sirvieron para fomentar un clima en el que se respiraba de algún modo que era posible actuar sobre el funcionamiento cerebral si se descubría la química apropiada. Lo mismo ocurre en materia de medicamentos psicotrópicos. Sin embargo:

  • Ningún mecanismo de acción farmacológico ha sido descubierto desde hace cuarenta años. Recojo las palabras de un artículo de la revista Nature Neuroscience: “Los objetivos moleculares de las principales clases de medicamentos psicotrópicos actualmente disponibles han sido definidos a partir de medicamentos descubiertos en la década de 1960 mediante observaciones clínicas”.
  • La investigación en neurociencias no ha descubierto indicadores biológicos para el diagnóstico de las enfermedades psiquiátricas ni nuevas clases de medicamentos psicotrópicos.
  • La gran esperanza de la genética tampoco ha dado frutos. Solo se han identificado algunas anomalías genéticas cuyas alteraciones no explican más que un pequeño porcentaje de casos. El autismo sería el trastorno en el que existe el porcentaje más elevado de casos explicados por anomalías genéticas y hablamos de un discreto 5%.

Algunos contestarían a esto rápidamente argumentando que lo que sí se ha demostrado ampliamente es la fuerte heredabilidad de muchos trastornos
mentales. Pero una heredabilidad elevada no implica una causa genética. En efecto, los estudios de heredabilidad no pueden distinguir entre lo que es un efecto puro de la genética y lo que proviene de una interacción entre los genes y el entorno.

Natura / Nurtura, un debate clásico: ¿innato o aprendido?

El paso obligado fue entonces la epigenética. La epigenética trata precisamente de investigar los mecanismos moleculares que explican que un factor del entorno, por ejemplo, los abusos en la infancia, pueda causar modificaciones de la actividad genética profundas, duraderas y a veces transmisibles a la generación siguiente.

En definitiva, los estudios epigenéticos están empezando a revelar las bases biológicas de algo que ya es conocido de antiguo por los clínicos: que las experiencias precoces condicionan la salud mental de los adultos. Nada nuevo bajo el sol.

¿Son un bulo las investigaciones sobre neurobiología?

Trataremos de identificar algunas de las promesas irrealistas de la literatura científica, o lo que fue bautizado en la revista Science como “el bulo genómico”. Las preguntas que nos planteamos son:

¿Cómo se produce este discurso abusivo?

En primer lugar, existe una distancia considerable entre las observaciones neurobiológicas y las conclusiones que difunden los medios de comunicación.

Por ejemplo, si analizamos los artículos sobre el TDAH, encontraremos que se menciona una asociación significativa entre el TDAH y el gen que codifica el receptor D4 de la dopamina. Pareciera casi que el gen del receptor D4 pudiera ser presentado como un marcador biológico del TDAH. Sin embargo, el 80% de los artículos que afirman esto nos dicen que esta asociación no supone más que un bajo riesgo de presentar la enfermedad.

En segundo lugar, no es raro observar cómo resultados de estudios preclínicos son rápidamente publicados mientras que los estudios posteriores, que en numerosas ocasiones no logran demostrar lo que se proponían los primeros, no son apenas difundidos. De modo que el público oye hablar de descubrimientos iniciales espectaculares pero no es informado de que son invalidados a posteriori.

Por último, se utiliza un vocabulario que da lugar a confusión. Los términos implicado, juega un papel o forma parte de son muchas de las imprecisiones poco o nada inocentes que los medios de difusión utilizan. Sugieren una posibilidad sin afirmar abiertamente una relación causal, se curan en salud, pero suelen conseguir sus objetivos confundiendo al público y sembrando una idea falsa de una verdad poco o nada demostrada.

¿Cuál es su impacto en el público?

En otras palabras, aunque los estudios más recientes aboguen también por factores del entorno que pueden modificar la neurobiología y que no deberían ser en ningún caso olvidados, el gran público parece interpretar el hecho de que exista una base neurobiológica en los trastornos mentales como algo que excluye las causas psicológicas o sociales.

El hecho de que se dé más importancia a las supuestas causas neurobiológicas lleva a minimizar los factores derivados del entorno y a ignorar las medidas de prevención correspondientes.

¿Cuáles son sus consecuencias sociales?

No podemos olvidar que cuantas más desigualdades sociales existan en una sociedad,más aumentan los factores de riesgo de los trastornos mentales. ¿Para qué preocuparse por la pobreza, las familias desestructuradas, el bajo nivel de educación si el problema se encuentra en un exceso o un déficit de dopamina?

Sobrediagnóstico y abuso de fármacos, las consecuencias de esta visión

El discurso resulta, por tanto, una justificación de las decisiones políticas. Así, por ejemplo, si nos centramos en Estados Unidos, pionero de este discurso biológico, se asiste a una medicalización del sufrimiento psíquico. Allan Horwitz y Jerome Wakefield publican en el año 2007 un artículo excelente que se titula Cómo la psiquiatría ha podido cambiar el sufrimiento normal en un trastorno depresivo. En este artículo postulan que:

  • Existe una influencia de la industria farmacéutica hacia lo que ha sido denominado por muchos la “fabricación” de enfermedades mentales. Y es que no se descubre, sino que se reinventa lo ya conocido, se divide, se desagrupa y se enumera una serie de indicaciones terapéuticas en las que no suele faltar el tratamiento mediante algún neuroléptico.
  • Pero no solo se prescribe un mayor número de antipsicóticos, sino que también se prescriben cada vez a edades más precoces. Como clínicos, deberíamos ser conscientes de los efectos a largo plazo en el desarrollo psíquico e intelectual de un neuroléptico mal indicado por su precocidad o por su escaso balance beneficio/riesgo. Pero esa es la nueva moda, prevenir la psicosis o, lo que es lo mismo, consumir cuanto antes el mencionado tratamiento.

A pesar de que la autoridad reguladora americana (FDA) solo apruebe el uso de dichos medicamentos en escasas indicaciones, tres cuartas partes de las prescripciones de antipsicóticos infantiles son realizadas para niños que no tienen dichos diagnósticos.

  • Pero esto no es lo más preocupante: en Estados Unidos, este supuesto modelo ha hecho que el diagnóstico de un trastorno mental dé derechos. O lo que es lo mismo, es necesario tener un diagnóstico psiquiátrico para tener algún derecho. Por ejemplo, un niño con dificultades escolares solo puede recibir ayuda a condición de que sea diagnosticado de TDAH.
  • Por último, pero no por ello menos importante, es inquietante el contraste que existe entre la investigación en neurociencias en plena expansión y la degradación de los recursos asistenciales y sociales en salud mental en ese país. Pero lo más decepcionante es que la investigación en materia neurocientífica ha beneficiado muy poco a la práctica clínica.

Aunque los leaders de la psiquiatría biológica reconocen que la investigación neurobiológica ha aportado poco a la práctica clínica psiquiátrica, la mayor parte continúa prediciendo que habrá progresos importantes en un futuro próximo.

Interdisciplinariedad frente a una medicina basada en la exigencia

Los promotores de la neurobiología creen en la superioridad de su método por ser científico. No puede considerarse que la psicología y la sociología sean métodos menos racionales o rigurosos solo porque sean menos objetivos y tengan en cuenta la subjetividad de cada individuo.

Las causas de los trastornos mentales pueden ser explicadas desde diferentes puntos de vista que no son mutuamente excluyentes: neurobiológico, psicológico y sociológico.

Toda enfermedad, hasta la más somática, afecta al paciente de forma única. De ello se deduce que el sufrimiento psíquico solo puede encontrar su sentido en la historia singular del sujeto.

En palabras del neurobiólogo Marc Jeannerod, “la paradoja es que la identidad personal, a pesar de encontrarse en el ámbito de la física y de la biología, pertenece a una categoría de hechos que escapan a la descripción objetiva y que aparecen entonces excluidos de una posible aproximación científica”.

Articulo publicado en MENTESANA

¿REFORMAR LA REFORMA PSIQUIÁTRICA?

JOSÉ FABIO RIVAS GUERRERO

Médico Psiquiatra

A comienzo de los años 80, y con gran retraso, se inició en Andalucía la denominada reforma psiquiátrica, a la par que se promovían procesos similares en todo el territorio español. En este sentido, la Ley General de Sanidad de 1986 supuso un cambio radical en el marco sanitario al equiparar las enfermedades mentales al resto de problemas de salud (lo que afianzó la incorporación de la psiquiatría y de la salud mental a los hospitales generales y el cierre de los hospitales psiquiátricos). Muchos años antes –desde el final de la II Guerra Mundial– cambios similares se habían puesto en marcha en los países occidentales más avanzados (EE UU, Canadá, Inglaterra, Italia, Alemania…). Las razones que promovieron estos cambios, en principio, no fueron solo morales, ideológicas, económicas o políticas –que también–, sino de índole sanitaria. En efecto, en el discurrir de la Historia y por razones estructurales complejas que no vamos a analizar aquí, los manicomios, cuya labor asistencial se había hecho hegemónica a lo largo del siglo XVIII –sobre todo a partir de la Revolución Francesa–, en los que se había depositado las tareas de custodiar, proteger, cuidar, tratar y curar a los ciudadanos aquejados de enfermedad mental grave, en realidad, en el discurrir de los años –se trataba de abrir bien los ojos–, se habían convertido en un lugar –sin retorno– de terror, violencia y segregación de los ciudadanos más frágiles; un lugar devastador que había fracasado en la encomienda humanitaria de cuidar y proteger, y peor aún si cabe, no solo no curaba, sino que generaba su propia patología: el hospitalismo (un conjunto de alteraciones somáticas y psíquicas, en las que predomina la pasividad, la dependencia; el empobrecimiento emocional; la pérdida de interés; la acentuación de la vulnerabilidad, el deterioro, la incapacidad y la minusvalía; el negativismo; la mayor frecuencia y gravedad de enfermedades somáticas…).

Desde el inicio de la reforma psiquiátrica en Andalucía, los cambios han sido extraordinarios: se cerraron los ocho macabros manicomios existentes y, en su lugar, se fue desarrollando una red sanitaria compleja y distribuida por todo el territorio andaluz, con un total de 147 unidades asistenciales abiertas (entre ellas 78 de salud mental comunitarias), además –en todas y cada una de las provincias– de diversas unidades de internamiento psiquiátrico en los hospitales generales, unidades de rehabilitación de salud mental, comunidades terapéuticas, hospitales de día, unidades de salud mental infanto-juvenil, hospitales de día infanto-juvenil…, en la que desarrollan su labor profesional en jornada completa 2.651 profesionales (entre ellos, por ejemplo, 492 psiquiatras y 259 psicólogos clínicos, además de enfermeras, trabajadores sociales, terapeutas ocupacionales, auxiliares de enfermería, monitores, administrativos…). A esto hay que añadir la puesta en marcha de la red específica de apoyo social de carácter intersectorial que representa la Fundación Pública Andaluza para la Integración Social de Personas con Enfermedad Mental (Faisem), con programas sociales y de empleo complementarios de los sanitarios y con más de 8.000 personas atendidas. La calidad de los resultados de todo esto ha sido reconocida por la propia Agencia de Calidad Sanitaria Andaluza, por múltiples profesionales de las distintas comunidades autónomas, por distintos movimientos asociativos y por organismos internacionales, como la OMS y responsables técnicos de la Unión Europea.

Ahora, cuando pronto se cumplirán los 40 años del inicio de la reforma, hay quien plantea revisar (supongo que no cuestionar) lo que se ha hecho. El afán en principio puede ser legítimo. No todo se ha hecho bien y un impulso crítico y renovado debe ser bien avenido. Es cierto que desde el inicio de la reforma han cambiado muchas cosas y esto, que implica a toda la asistencia sanitaria, no solo a la salud mental, debe ser tenido en cuenta. Cambios demográficos y en la demanda de asistencia, cambios sociales y económicos, cambios que tengan en cuenta los posibles errores cometidos y las nuevas evidencias que a nivel de la salud mental se han puesto de manifiesto en procesos similares desarrollados en todo el mundo, las nuevas políticas de género, las continuas conquistas en el reconocimiento de los derechos humanos y civiles… Sin embargo, para afianzar y mejorar lo ya conseguido en salud mental, los cambios que pudieran introducirse, como poco, deberían responder a tres características. 1) Tener en cuenta la complejidad del problema. La gestión pública, y más la sanitaria, es cada vez más gestión del conocimiento, y el conocimiento en lo que respecta a la salud mental es extraordinariamente complejo, plural, disperso entre los diversos actores implicados, con importantes zonas de incertidumbre, incluso de contradicciones. Gestionar por tanto de forma simple y reduccionista lo complejo nos aboca no solo a la ineficiencia sino a la ineficacia, a la generación de más problemas que los que se trata de solucionar, es decir, a la antigua solución manicomial. 2) La multilateralidad, pues si bien es cierto que la reforma fue el fruto –por así decirlo– de un acuerdo entre el poder político y los profesionales, esto hoy día no es posible. La variedad de agentes legítimamente implicados (poder político, profesionales, pacientes, familiares, asociaciones civiles…, cada uno con sus intereses legítimos y no siempre en todo coincidentes hacen imposible cualquier intento reduccionista. Y 3) la sensatez y mesura. En este sentido, quisiera recordar las palabras de Abril Martorell (exvicepresidente del Gobierno con Adolfo Suárez), quien, a propósito de la reforma del sistema sanitario público español, decía: «Antes de reformar un modelo hay que analizar la realidad de partida, denunciar con cariño y respeto los defectos de funcionamiento y sugerir caminos de solución», y luego agregaba: «Los experimentos en salud, en casa y con gaseosa».

Pues eso, en ese menester, bogando en esta necesaria singladura –compleja, multilateral, con sensatez y mesura–, no puede sobrar nadie, todos los agentes implicados –políticos, profesionales, pacientes, familiares, asociaciones civiles…– deberían tener asiento reservado en esa mesa. Ahí, en asentar y mejorar lo ya hecho, sí que podríamos encontrarnos.